| V Domingo de Pascua |
Amar Hasta Las Ultimas Consecuencias “Dijo Jesús: Os doy un mandamiento nuevo. Que os améis unos a otros como yo os he amado”. San Juan, cap. 13. Sólo después de muchos cataclismos, la tierra empezó a girar alrededor del sol como un planeta habitable. Así el amor cristiano, solamente comenzó a existir después de un largo proceso, jalonado de esfuerzos y de equivocaciones. Los antiguos conocieron ese amor elemental que nos empuja a poseer al prójimo. También supieron de amistad. La compararon con la benevolencia que algunos dioses demuestran a los hombres. Pero el amor desinteresado, no porque el otro me gratifica, sino porque yo puedo enriquecerlo, es algo original del Evangelio. Antes de Jesús, la enseñanza de los rabinos sobre el tema creía ser generosa, pero se quedaba a medio camino: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. El Señor corrige y orienta aquel amor tradicional, ampliando los horizontes frente al corazón de sus discípulos: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen, orad por los que os persiguen y calumnian”. Y otro día añade: “Nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos”. Finalmente en el discurso de despedida, invita a sus seguidores a amarse “como yo os he amado”. Mientras muchos judíos identificaban su religión como la observancia de un conjunto de normas, mientras otros aceptaban que era suficiente cumplir todo ello externamente, el Maestro proclama su mandamiento nuevo, partiendo desde el corazón. Desde el mismo lugar que había señalado como la cuna de las malas obras, los homicidios, las envidias, los fraudes, las codicias, el orgullo, las venganzas. Los discípulos de Jesús tratamos de vivir el amor cristiano en diversos espacios, situados como en círculos concéntricos: La familia, el grupo de amigos, los compañeros de trabajo, la Iglesia. Y muchos nos quejamos: ¿Cómo lograr ese ideal, si mis prójimos no siempre dan una medida de bondad, utilidad y simpatía que me motive a amarlos? Conviene recordar que el amor cristiano no brota de sentimientos momentáneos. Nace de una convicción firme: Cada prójimo es un hijo de Dios. Por lo tanto es mi hermano. Es una invitación a querer amar hasta que el otro crezca y se perfeccione. Alguien preguntaría: ¿Qué ventajas me trae amar como enseñó Jesús? Esta pregunta tiene un vicio original. Porque el amor, si es verdadero, obliga a desnudarnos de todo egoísmo. Pero si hablamos de ventajas, la primera sería el parecernos a Jesús. El amor iluminado de Evangelio es la marca de fábrica de los cristianos. La segunda: Que amando de este modo podremos mejorar este destrozado mundo. Pío XII hablaba de la necesidad de transformar la sociedad, de salvaje en humana y de humana en cristiana. La tercera ventaja: El amor enseñado por Jesús a quienes comenzamos a intentarlo, parece una ilusión. Enseguida, si nos comprometemos a vivirlo, nos aportará cruces y dolores. Sin embargo, el resultado final de esta utopía es siempre una plenitud gratificante. Una religiosa de la madre Teresa le preguntaba un día, al verla tan jadeante y sudorosa por las calles de Calcuta: ¿ Madre, y usted no se cansa? La madre le respondió sonriendo: “Hija, es necesario amar. Amar siempre. Seguir amando...hasta que duela”.
Pbro. Alexander Pareja Botero Director Pastoral Infantil Arquidiócesis de Medellín |